8M: MUJER TRABAJADORA Y CASAS DE APUESTAS

Ludopatía: la mujer no pide ayuda - Diario Sanitario

Hoy, día Internacional de la Mujer Trabajadora, desde la Plataforma de Málaga Contra las Casas de Apuestas, pretendemos darle una perspectiva de género a la problemática de la ludopatía.

Las mujeres, en datos generales, son el30% de las personas adictas, pese a esto, en el caso malagueño, ellas suponen el42% de los autoprohibidos (una forma de que los adictos no puedan acceder ni a casinos ni a salón de juegos). Todo ello se contrasta con que solo el 7’8% de las personas en tratamiento son mujeres. El perfil de la mujer jugadora tendía a ser asociado a edades más avanzadas (aunque poco a poco comienzan en edades más tempranas), con una situación laboral inactiva y un nivel económico bajo (o medio-bajo). De esta forma, eran las amas de casa y las paradas las que comienzan en la adicción del juego, con tragaperras, loterías y bingos. Se habla de un perfil altamente vulnerable, de hecho, de las mujeres ludópatas el 70%, son víctimas de malos tratos.

De hecho, en la cuestión de género, se suele hablar de un doble tabú: debemos entender la propia diferencia, no de datos, sino de estereotipos dentro de los jugadores. En el hombre jugador se vende la idea de un hombre de éxito, sensaciones intensas, conseguir fama y poder. Tratándose de juegos que tienen que ver con apuestas deportivas y estrategias. En la mujer jugadora, la publicidad que hay en torno a esto, va hacia una forma de ganar un dinero extra. En ellas el juego suele centrarse en un juego más pasivos, desapercibido, con una atmósfera mucho más privada, mientras que ellos son los protagonistas, los jugadores más activos, donde se relaciona con otros jugadores con el fin de la competición, se trata de una forma más de socializar, no una forma de aislarse.

La diferencia de género se entiende también dentro del juego, el estereotipo de hombre jugador se habla de un hombre de éxito, una manera ‘’fácil’’ de ganar dinero, se trata de una forma de conseguir fama y poder. Y, pese a que el fin de evadirse se puede dar en los dos géneros, es mayor en el caso de la mujer, aunque se trate de una manera de ‘’ganar’’ dinero, es también una forma de distraerse de su vida diaria, de olvidar los problemas. En la misma publicidad podemos ver las diferencias entre uno u otro género.

Por ello, cuando se habla del doble tabú, se habla de dos cuestiones, por un lado, el propio estigma de los adictos, y por otro lado, la culpabilización de las mujeres jugadoras, ellas son las malas madres, las irresponsables. Es decir, a los propios adictos se les culpa de su situación, pero a las mujeres, por el papel que cumplen en la sociedad, son doblemente castigadas. La percepción social que muestra claramente la diferencia machista es que, mientras los hombres juegan con un dinero que les pertenece, que es suyo, las mujeres juegan con el dinero de su familia. Muchas veces se habla de que este doble estigma es una forma clara de violencia hacia la mujer.

De hecho, desde el artículo de El Público, podemos entender aún más esta situación por lo que nos dicen los especialistas, «la ludopatía está peor vista en su caso, por lo que cuando llegan a las consultas se refieren a la vergüenza que les produce padecer este trastorno», Susana Jiménez, responsable de la Unidad de Juego Patológico del Hospital de Bellvitge. «Es más, cuando finalmente se descubre, nadie cercano puede creerse que el problema sea ése».

Además, el entorno detrás de un jugador suele tener una mujer (hermana, madre, novia, esposa), que la apoya, ellas cumplen la función de cuidados y de apoyo; ellas no pueden ser las que tienen el problema de primera mano, por ello, hay una tendencia a no contar su adicción, y por ello hay una pared que se presenta ante ellas, de ahí los datos tan bajos de su participación en terapia (7’8%), y los datos tan altos como acompañantes a terapias (74%).

«Suelen hacerlo de forma clandestina, sin informar a la familia ni dejarse ayudar por ella, al contrario de lo que sucede con los hombres».

Debemos hablar también de que la propia heterogeneidad (en género y sexo) entre ellas y el resto de adictos, se habla de que ellas tardan más en comenzar con el juego, e incluso su proceso de terapia es más prolongado, por ello, puede llegar a sentirse más culpable e incomprendida. De hecho, en el “Seminario de intervención específica en Mujer y Juego” organizado por F.E.J.A.R. se habla de que es necesaria una intervención específica ‘’ en la medida de lo posible’’ , para la mujer en el tratamiento del trastorno por juego, ya que los tratamientos de rehabilitación de ludopatía se gestaron inicialmente “para hombres”, y que ‘’los tratamientos al uso hasta la actualidad de rehabilitación de jugadores, no necesariamente han tenido que ser los más beneficiosos para la mujer, por estar enfocados para el tratamiento masculino.’’

Pero para que el negocio funcione, no solo hace falta hombres y mujeres a los que arruinar, sino que también a los que explotar. Por ello, hablaremos sobre la cosificación de las trabajadoras y cómo esto es una representación más del machismo intrínseco en la sociedad.

La manera en la que esto empieza es cuando la demandante de empleo opta por el puesto de trabajo. El contrato que se firma en un principio es para el trabajo de camarera/operadora de salón de juegos, y las tareas a realizar estipuladas en el contrato son: atención al cliente (dar a conocer el producto), cobro, pagos y arqueos de caja, servicio de hostelería, mantener el orden y limpieza del salón. Pero la realidad de dicho contrato es: acoso, menosprecio, sexualizacióny todo ello, con la indiferencia por parte de los jefes e incluso culpabilizan a las trabajadoras por ‘’molestar’’ a los clientes aunque se sobrepasen.

Para colocar estos locales y salones de juegos se hace un estudio donde se prevé si va a tener éxito el proyecto, ya que los dueños de estos establecimientos se suelen aprovechar de la precariedad y el porcentaje de desempleo de los barrios más vulnerables. El escoger barrios con más índice de exclusión social y pobreza no es casualidad, aprovechan esta necesidad económica y desesperación del individuo para ofrecer un ingreso de dinero «fácil», sitios donde se ahogan los problemas de desempleo, las frustraciones, etc.

En estos barrios es común ver cuatro salas de apuestas separadas por escasos 80 metros, se reciben continuamente este tipo de estímulos para que los vecinos dentro de estos barrios no les quede otra que consumir este tipo de servicios como vía de escape.

Los dueños de las casas de apuestas quieren una cosa, y esa es ganar dinero a costa de cualquier otra. Debido a esto, los empleados de las casas de apuestas también se ven perjudicados por este sistema, pues generalmente las condiciones en las que trabajan son éticamente lamentables y no corresponden con las cláusulas del contrato de su puesto de trabajo. Sin embargo, las trabajadoras sufren aún más esta precariedad ya que va unida a una sexualización de sus cuerpos inherente a los salones de juego.

Las luces, los bonos o la bebida son algunos de los elementos que se utilizan en las casas de apuestas para llamar la atención de algún posible jugador, y las trabajadoras no dejan de ser otra parte más de esta estrategia enfocada siempre al cliente masculino.La premisa es clara,usar a las mujeres como reclamo para atraer a más clientes y así atraparlos en la espiral que es la ludopatía. Ellas pasan a ser un mero objeto de consumo del que los clientes pueden disponer.

Por todo esto, no es casualidad que en la búsqueda de personal se centren en mujeres jóvenes con un físico determinado. Para los jefes la edad perfecta es entre 18 y 20 años, no contratan mujeres mayores ya que resultarían menos atractivas para los hombres que entran a apostar. Esto lleva a que, en los salones de juego, casi la totalidad de los empleados sean mujeres, que además se ven obligadas a cumplir unos requisitos para atraer a los clientes: por un lado, la vestimenta (faldas cortas, escotes, e incluso corsés); y por otro lado, el físico en sí mismo: ir maquilladas y estar delgadas. Todo ello es impuesto por parte de los jefes.

Aunque fuese invierno teníamos que ir muy ligeras de ropa y si nos poníamos medias de invierno a nuestro jefe no le sentaba bien.” – Extrabajadora de una casa de apuestas

Aparte de esto, en estos puestos de trabajo ocurren grandes irregularidades, por ejemplo respecto a los horarios. Trabajar de manera ilegal y sin seguro fuera de la jornada laboral acordada y del horario legal de apertura del local es algo frecuente que los empleados y empleadas de las casas de apuestas experimentan.

Los roles de género y los estereotipos sobre las mujeres afectan directamente a su situación en el mercado laboral. Aún con los avances de los últimos años en la búsqueda por la igualdad de género, ellas siguen teniendo menos posibilidades de entrar en el mercado laboral, dejándolas en posición de discriminación. Debido a su necesidad económica, ellas se ven obligadas a aceptar un trabajo con mayor índice de explotación.

Las mujeres en este tipo de profesiones sufren numerosas injusticias, desde acoso hasta menosprecios o situaciones de peligro. Las trabajadoras en las casas de apuestas se ven abocadas a continuas vejaciones e insinuaciones por parte de los clientes, pues todo está preparado para hacerles sentir que están por encima de ellas y tienen total poder sobre sus cuerpos. Las faltas de autoridad son continuas, al igual que los apelativos como “nena”, “cariño” o “guapa” que utilizan para referirse a las empleadas de los salones de juego.

La falta de autoridad que sufrimos por parte de los clientes es alucinante, da igual que seas encargada, siempre te van a pedir hablar con un hombre»

«Se creen que están por encima de ti y te tocan, te dicen de pasar una noche con ellos…»

Ya te digo que muchos clientes te dicen burradas, a mí me han amenazado hasta con violarme» – Extrabajadoras de una casa de apuestas

Ante todas estas situaciones, la indiferencia por parte de los jefes y la culpabilización de las trabajadoras por causarles “molestias” hace a los jugadores sentirse todopoderosos y continuar apostando mientras están completamente ajenos a la realidad. Esta sensación unida al consumo de drogas como el alcohol y otras sustancias, de manera totalmente descontrolada, crean la base del negocio de los salones de juego. Siempre bajo la mirada de los jefes del local, estas trabajadoras están continuamente amenazadas con ser despedidas si se salen un poco del rol de objeto de consumo por el que están contratadas. No pueden importunar de ninguna manera al cliente, ni siquiera si este intenta sobrepasarse con ellas en algún momento. Pasan simplemente a una pasividad en la que, si ocurre algo que las pueda poner en peligro, no tienen forma de defenderse ni ser defendidas.

En mi caso me han mandado mensajes a mi perfil de Facebook, me han seguido en Instagram, han amenazado a mi novio porque yo no estaba disponible… Cuando dabas el aviso a los jefes se solían tomar medidas, pero si el cliente era habitual y se dejaba mucho dinero tienes que aguantar prácticamente de todo». – Extrabajadora de una casa de apuestas

Para los trabajadores, pero sobre todo para las trabajadoras, el ambiente resulta completamente peligroso y violento. En Málaga ocurrió el caso de Nuria Jimenez Garcia, trabajadora del salón de juegos Unibox, que fue asesinada mediante 70 martillazos por parte de un cliente que intentaba atracar el salón y que ya había sido expulsado de este meses antes.

«En un salón de juego las mujeres somos un objeto, es por eso que casi todas mis compañeras eran chicas y las que trabajaban aquí antes que yo. Ahí dentro un 90% son hombres, aprovechan contratar a mujeres jóvenes para obtener subvenciones y utilizarnos como reclamo sexual para el cliente, aunque no puedan tocarnos.»

Al final, vemos que las casas de apuestas van de la mano de la ludopatía y la explotación. El objetivo principal es atraer y fidelizar cada vez a más clientes, para así conseguir lo que más les importa, dinero. No cabe duda de que no se tiene ninguna consideración con la seguridad o la salud mental de las trabajadoras ni de los propios clientes.

De esta manera, nos damos cuenta, que tanto el doble estigma, como la utilización de las trabajadoras como objeto de consumo, no pueden combatirse con un ‘’consumo responsable del juego’’, sino que con esto podemos ver que la problemática de las casas de apuestas y juegos de azar, va mucho más allá de lo que pensábamos. De esta forma, no solo la cuestión económica es un punto clave, sino que a esto último se le añade la cuestión de género. Por ello, hoy, 8m, desde la Plataforma de Málaga Contra las Casas de Apuestas, abogamos por acabar totalmente con esta cuestión, ninguna regulación ni mejora en las condiciones va a ser suficiente para poner fin a este negocio, que se sostiene en la dependencia del individuo, endeuda y destruye familias y a personas. Este tipo de industria del juego no tiene forma de que sea un camino sano o controlado para su público, solo pretende que el usuario quede en una espiral de la que es muy difícil salir, conduciéndolo a la pobreza y a una adicción.

Los juegos de azar generan dinero que proviene de la ruina de clientes y trabajadores, y de las más vulnerables: las mujeres.

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