La batalla en los barrios contra las casas de apuestas

En cada esquina de cada calle de cada barrio. Las casas de apuestas han usurpado cada espacio de nuestra cotidianidad hasta el punto de juntarse unas con otras en una misma acera. Clave para su auge y aceptación social fue la ley del juego que en 2011 aprobó el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Sin embargo, ha sido 2018 el año en el que las casas de apuestas han acabado por asentarse entre panaderías y pequeños comercios. La publicidad, altamente invasiva a través de televisión, radio, Internet o la marquesina de una parada cualquiera de autobús, es una parte fundamental para entender su éxito.

Codere, con 5.310 puntos de apuestas; Sportium, con más de 2.500; y Luckia, superando los 2.400, son los tres operadores que dominan el negocio del juego en España. Pero no son los únicos: 888, Betfair, Bwin, Bet365 o William Hill son también parte de una lista que no para de crecer. Según el Anuario del juego –realizado por el operador líder Codere junto al Instituto de Política y Gobernanza de la Universidad Carlos III–, el mercado de las apuestas deportivas está creciendo desde 2012 a un ritmo anual del 20%.

Bares, bingos, casinos o salones de juegos, cualquiera de estos espacios tiene permitido establecer zonas para apostar. En 2017 se jugaron de manera presencial 330 millones de euros y 305 millones online. Esta situación ha generado, sobre todo entre personas de clase trabajadora, una alarma social que recuerda a aquellos años 80 en los que la heroína fue responsable directa de destrozar tantos hogares. En Madrid, una de las zonas más afectadas por la proliferación de estos negocios, la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM) ha creado el Grupo de Trabajo sobre Casas de Juego y Apuestas. Formado por vecinos, vecinas y profesionales de la psicología y del derecho, recorren los barrios impartiendo charlas para concienciar al mayor número de personas del peligro que entrañan estas actividades, así como para compartir las inquietudes de una sociedad que desconoce cómo afrontar la situación.

Bayta Díaz, psicóloga de la Asociación para la Prevención y Ayuda al Ludópata (APAL), es integrante de la FRAVM. Durante los cursos, talleres y jornadas de divulgación intenta informar sobre los riesgos de apostar y dotar de herramientas a las personas asistentes para prevenir indicios de ludopatía. Díaz incide en esta idea: «No queremos prohibir el juego, simplemente concienciar de que es una conducta potencialmente adictiva, ya que el hecho de que esté en todos lados lo normaliza y hace parecer que no pasa nada”.

Hasta el momento, este equipo ha mantenido reuniones con cuatro áreas del Ayuntamiento de Madrid –Coordinación Territorial, Seguridad y Emergencia, Urbanismo, y Economía y Hacienda– con el objetivo de hacer realidad una serie de medidas que ayuden a frenar la tendencia actual. Entre las principales propuestas está la creación de una nueva ley sobre el juego, la declaración de zonas de especial protección de población vulnerable, la limitación de la publicidad y el aumento del control de acceso a los locales y portales webs de apuestas.

Hasta que se unieron apuestas y deporte, el ejercicio físico era uno de los «factores de protección» que se usaba para rehabilitar a personas con problemas de ludopatía, explica Díaz. Pero “ahora mismo es contraproducente”, añade esta psicóloga. De los 20 equipos que conforman la Liga Santander (Primera División española de fútbol masculino), la Real Sociedad es el único club que no está patrocinado por una casa de apuestas. Así lo decidieron sus socios a finales de 2018 en un referéndum no vinculante. Además de estos patrocinios, hay que sumar a la promoción de estas empresas las horas que dedican múltiples espacios deportivos a fomentar que los espectadores o lectores apuesten.

En estos encuentros vecinales cuentan también con juristas como Antonio Segura, abogado de Actívat, quien cree importante “no normalizar” la ludopatía. Segura destaca que las charlas están funcionando porque “la gente se conciencia y se vuelve activista. Es lo mínimo que se puede hacer”.

Otras organizaciones como ITACARed ofrecen cursos online divulgativos gratuitos. Rafael García, responsable de comunicación de la sociedad, señala: «Con esto lo que pretendemos es asentar las bases para saber de qué hablamos cuando hablamos de adicción”. García apunta a que muchas personas, sean o no profesionales, “hablan sin conocimiento de causa”. Además, hace hincapié en la juventud, “el colectivo en el que se pueden fraguar más adictivos” de los que “aprovecharse de ellos más tiempo”. Los gobiernos, según este representante de ITACARed, favorecen que la sociedad no perciba las casas de apuestas y salones de juegos como un problema. “No es ocio, es negocio. El ludópata es un enfermo muy rentable para el Estado ya que no tiene costes para el Estado. Al contrario: da dinero”, sentencia.

 

Movilización en las calles

 

En torno a la celebración del Día sin juegos de azar que se celebra el 29 de octubre, varias asociaciones del barrio madrileño de Tetúan –que cuenta con más de 60 locales de juegos y apuestas– salieron a la calle para denunciar la indefensión frente a estos espacios. Días después, Juventud Comunista decidió empapelar con carteles las casas de apuestas en varias comunidades autónomas para poner sobre aviso al vecindario. Xavier García, secretario general de la organización, ve fundamental que en cada localidad los colectivos aborden el tema y organicen un debate público, pues “este tipo de negocios no debería tener cabida” al basarse “en saquear a la ya depauperada juventud trabajadora”. García ve indispensable, más allá de la necesaria movilización ciudadana, que se legisle para evitar que los negocios de apuestas aumenten. Coinciden en ese punto Antonio Rodríguez, portavoz municipal de IU en Montijo (Extremadura), y Alberto Bustos, concejal de Participación Ciudadana, Deportes y Juventud en el Ayuntamiento de Valladolid. Ambos creen que, al igual que sucede con farmacias, estancos y administraciones de lotería, las casas de apuestas deben someterse a una regulación más estricta.

El País Valenciano aprobó el pasado noviembre la prohibición a los nuevos salones de juego de estar a menos de 700 metros entre sí para proteger a la ciudadanía. Sin embargo, esta medida ha sido recurrida y ha acabado vía contencioso administrativo en el Tribunal Supremo, que tendrá que decidir qué pueden y qué no pueden limitar los parlamentos autonómicos.

Por su parte, la Comunidad de Madrid ha anunciado que obligará a las casas de apuestas a poner una garita en la entrada de los locales para que no entren menores. En Extremadura, se aprobó en octubre de 2018 por unanimidad limtar el número de casas de apuestas. Poco después, el grupo de Podemos, que había hecho la propuesta, denunció que la normativa que regula el juego en esta región no se está cumpliendo.

El mayor logro hasta la fecha todavía sigue sin producirse. En noviembre, el gobierno de Pedro Sánchez pactó con Unidos Podemos, como parte de los Presupuestos Generales del Estado, aprobar una regulación de la publicidad del juego de azar y apuestas online. Legislar, movilizar y concienciar. Sobre estos tres ejes trabajan quienes advierten del peligro de que las casas de apuestas formen parte del mobiliario de sus ciudades.

Fuente: La Marea

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